Sentado. Acostumbrándome
a ser parte de la nada.
Un silencio
abrumador, absoluto.
Solo oyes el
latido de tu corazón
y este se
funde con el silencio
y piensas en
muerte, calma y soledad.
Te crees
fuerte para soportarlo,
pero te
sabes incrédulo, al fin,
nunca has
estado solo
tienes esa
ventaja o esa desgracia.
La luz de la
computadora te atonta
y deseas un
trago y correr,
fatigarte
hasta escupir los pulmones.
Ver a la
gente que camina contenta,
se tocan las
manos,
se rosan con
los ojos.
Te sabes
igual.
No lo
soportas y buscas una imagen,
la imagen de
una mujer
cualquiera,
no importa,
solo quieres
distraerte,
quizás enamorarte
y seguir
sin estar
solo,
al menos
otro instante más.
Cierras la
computadora,
ya no lo
soportas y sales.
Miras a
todos lados
no lo
encuentras, buscas algo
no sabes qué,
pero lo buscas.
Entras a un
cine.
Te ves y te
ven raro
la única figura
sola,
eres como un
fantasma
del que
todos evitan su mirada.
Te sientas solo
y vacío
y contemplas
la pantalla
una trama
tonta, simple
como la vida
de cualquiera,
como tu
vida.
Gente buscando
gente entre gente.
Sales del
cine, caminas
por una
avenida
siempre
mirando.
La soledad
es más cruel
cuando estas
rodeado de gente acompañada.
Intentas soportarlo
es como una
prueba, piensas.
Hay una librería,
nunca has podido ignorarlas,
entras,
hueles los libros
te detienes
frente a los libros de autoayuda,
ríes, esos títulos
siempre te hacen reír.
Piensas en
una gran broma
y volteas a
los lados, estas solo,
es una lástima,
era una buena broma.
Sales de la
librería
ya estas más
confiado.
La soledad
no es gran cosa,
crees que
puedes soportarlo,
al fin, ya
estás cansado de no estarlo.
Vuelves a
casa,
entras y
respiras profundo,
sacas el
arma y te disparas.