miércoles, 16 de noviembre de 2011

Insoportable

Cada día me es más insoportable verles la cara, esas expresiones constantes de una alegría efímera. Nunca tienen algo que decir aunque no dejan de hablar. Siempre las mismas preguntas y respuestas, mecánicas.

Hoy no quiero. . . simplemente ¡no puedo más! La imagen de mi esposa, de mis hijos, siempre recibiéndome con cariño. . . atosigándome con atención que no deseo ¿Qué no se dan cuenta en verdad? No es el estrés del trabajo por lo que estoy serio, no es el cansancio. No, claro que no, es solo que estoy harto de verlos, de tener que convivir con ustedes ¿Qué no se dan cuenta? ¡¿Cómo pueden ser tan idiotas?!. . .

Solo quiero tirarme en el sillón y que a nadie le importe como estuvo otro día mierda en mi vida mierda. No pensar en nada. Créanme que en verdad  no me interesa enterarme de la vida de la vecina, o de cualquier aventura que haya podido pasar en una escuela. Todo eso me distrae yo solo quiero ser ignorado e ignorar a todos. Descansar.

Matarlos. Esa sería la solución, así me dejarían en paz para siempre. . . jaja. No, jamás tendré el valor de matarlos, no soy esa clase de persona, soy incapaz de ir contra las normas.

Huir sería más simple, pero eso es desperdiciar muchos años de esfuerzo. Además, no podría vivir sabiendo que me odian. No puedo tolerar la idea de que los demás me desprecien, me complace demasiado que la gente me recuerde con nostalgia, que me extrañe de alguna forma. Esa es la única forma que tengo de trascender. Que mediocre.

De nuevo este camino interminable, lo he recorrido una y otra vez. Un círculo, ¡un puto círculo! Siempre estas casas iguales, siempre estos autos iguales, siempre mi auto. ¡Estoy harto de todo!. . .

-Bueno. . . si soy yo, ¿Qué pasa?. . . ¿Cómo que mi esposo ha sufrido un accidente?. . .

domingo, 23 de octubre de 2011

...

¿Por qué la vida siempre tiene que transcurrir pensando hacia el futuro? La mejor parte de nuestra vida la desperdiciamos preparándonos para recibir a la decadencia. Tenemos tan impuesta la forma de vivir, lo único que podemos hacer es seguir alimentando a la sociedad, esta es la única forma de vivir, pero ¿Por qué debe importarme la sociedad? Esta me fue impuesta, al igual que la moral. ¿Porque he de estar conforme con todo esto?

Qué gran negocio ha hecho la humanidad para garantizar su supervivencia.

¿Cómo es posible que el individuo siempre busque una identidad propia, si es imposible alcanzarla? La búsqueda de la originalidad nos da la ilusión de poder elegir nuestra vida, nos hace creer que en verdad hay razón para vivir, más allá que la supervivencia de la especie.

Ahora sé que la capacidad de razonar tiene como precio el ser un animal sociable. Es aquí donde el instinto de supervivencia se impone de nuevo. La razón nos lleva a la conclusión de que se necesita cooperar para sobresalir como especie. Que limitante para el individuo, siempre estar bajo la mirada de sus semejantes, estando en un juicio continuo de comportamiento. La sociedad ha tenido todo el tiempo del mundo para crearnos la ilusión de libertad, ese es el propósito de su evolución. Nos es inculcado en la moral las normas para proteger y buscar el desarrollo de la esta. Funcionamos como protectores, policías de la sociedad eliminando a todo individuo que atente contra ella.

Pero no se puede obtener este comportamiento sin crear la ilusión de que obtendremos algo a cambio. Por eso se creó el capitalismo, este te recompensa según  tu nivel de esfuerzo o contribución a la sociedad. Pero su truco esta en hacerlo cuando ya le eres inútil para su propósito, cuando ya no puedes aportar y eres un decrepito anciano, cuando has gastado toda juventud y plenitud es ahí cuando el hombre se vuelve más libre, libertad que ya no sirve.

¡Maldito dios! no conforme con imponernos la vida, también nos ha impuesto el cómo vivirla. El instinto, ese es su poder. No podemos ir en contra de él. Deberíamos olvidarnos del instinto por un instante y dejarnos seducir por la muerte y su inconmensurable belleza.

viernes, 14 de octubre de 2011

vida

La vida es sinónimo de rutina. 

Que realidad tan desalentadora. No  importa la rutina que haga, no soy capaz de soportarla por largo tiempo, aunque la hubiese disfrutado al principio. Es simplemente como si todo tuviera una fecha de caducidad.

Quizás es cierto que la vida es curiosidad. Quizás es por eso que mi realidad sin importar cual sea me parece gris, aburrida. Es como si un tono se repitiese hasta el cansancio sin variar siquiera de ritmo, si eso es la vida, nada más que monotonía, solo eso. Me parece increíble que haya gente capaz de disfrutarla bajo el asfixiante peso de la rutina. Esta incapacidad de disfrutar la monotonía me limita.

Un día leí por ahí “el poder tener certidumbre es de las peores cosas que a alguien le puede pasar” y aunque sea verdad, eso no aplica en la realidad. La vida se basa en buscar la certidumbre. Por eso existen palabras como futuro en todos los idiomas, es por eso que los padres te mandan a la escuela o te enseñan algún oficio; por eso inventaron el matrimonio, para tener la certidumbre de no estar solo. 

Quizás es que no he encontrado lo que en verdad me complace. O quizás es la rutina de respirar la que me ha aburrido.

viernes, 1 de julio de 2011

Momentos

Nadie quiere ver demasiado la realidad. Simplemente es insoportable, tanta crudeza, cotidianidad, simplicidad, inutilidad, todo el rededor sin sentido, que si bien nos complace la mayor parte del tiempo, siempre deja ese sentimiento de vacío, de necesidad, eso que nos dice que algo falta.

Creo firmemente que en eso se basa el éxito del arte, su trabajo es intentar llenar ese hueco, sin conseguirlo ni una sola vez. Quizás sea algo imposible de llenar por lo material, es decir, nada perceptible por los sentidos puede siquiera ser foráneo de la realidad, simplemente es otra de sus incontables partes, que como toda unidad es inútil. Pero siendo honestos, no creo que los sentimientos sean capaces de llenar este vacío, porque siempre tienden a convertirse en rutina, en un mecanismo rítmico, y muchas veces, su duración es tanta y sin cambios que simplemente nos olvidamos de su existencia, solo sabemos que están ahí hasta que el ritmo cambia.

Nada puede llenar ese hueco, es simplemente imposible. La ventaja de muchos se basa en que ni siquiera lo notan, digamos que son inmunes a su existencia, o simplemente no tienen tiempo de prestarle atención.

Lo único que queda, son esos momentos perfectos, donde todo parece colaborar para llenarnos de una forma completa durante un segundo, momentos que solo la fantasía me ha dado.

sábado, 4 de junio de 2011

A una transeúnte

La calle atronadora aullaba en torno mío.
Alta, esbelta, enlutada, con un dolor de reina
Una dama pasó, que con gesto fastuoso
Recogía, oscilantes, las vueltas de sus velos,

Agilísima y noble, con dos piernas marmóreas.
De súbito bebí, con crispación de loco.
Y en su mirada lívida, centro de mil tomados,
El placer que aniquila, la miel paralizante.

Un relámpago. Noche. Fugitiva belleza
Cuya mirada me hizo, de un golpe, renacer.
¿Salvo en la eternidad, no he de verte jamás?

¡En todo caso lejos, ya tarde, tal vez nunca!
Que no sé a dónde huiste, ni sospechas mi ruta,
¡Tú a quien hubiese amado. Oh tú, que lo supiste!



Charles Baudelaire (Traducción por Antonio Martinez Sarrión)