He soñado con mi funeral. Lo cual no es gran cosa, pero ha
conseguido marcarme de un modo profundo. Era un sueño simple.
En una funeraria yacía mi cuerpo dentro del ataúd. Esa caja
que sirve para hacer creer a la gente que aun vale algo nuestro cuerpo sin
vida. La gente alrededor mío, la mayoría con una expresión seria y otros pocos
con una sincera tristeza. Dos salas a la derecha se encontraba otro funeral, un
desconocido que ha muerto el mismo día que yo. Los rostros, los sentimientos y
el comportamiento de las personas ahí eran idénticos al de los que estaban
conmigo. No hay diferencia remarcable, es la misma escena en ambos lados del
edificio, esa escena que se ha representado un sin número de veces en todas
partes. Siempre igual.
Al ver que era lo mismo en ambos lados me sentí ofendido
¿Cómo podía ser lo mismo? ¡Yo lo medite, yo tuve el valor de rasgarme la piel!…
¡ver mi sangre correr!... ¡yo saboree la muerte, la desee! Él murió en un
accidente desafortunado, su muerte fue una casualidad, la mía una vulgar obra
de arte.
Yo no quería nada de esto; yo no quería gente aquí, ni
lágrimas pasajeras, ni recuerdos insignificantes de mi persona. Yo no quería
una caja, ni velas, ni café, ni galletas...Yo solo quería morir. Morir y ser
olvidado.
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