domingo, 29 de octubre de 2017

Un momento de inspiración
Cuando te sientas frente al monitor y solo esperas que las palabras fluyan. Piensas en poetas, narradores, pintores, músicos; y te preguntas cómo es que lo logran. Te tomas un trago o dos, para sentirte más artista, pero no da resultado nada sale de tu mísera cabeza. Esperas. Quizá dos tragos más. Nada. La pantalla sigue en blanco, piensas que talvez la música ayude, vesti la giubba suena una, dos, tres veces; José Feliciano choca su copa rota contigo y piensas que debe ser más sencillo ser cantante, de esos que solo tienen que tener la suerte de nacer con la voz, no componen ni música ni letra y al final son famosos, logran fama y dinero; justo lo que nuestra cultura nos enseña a desear desde que nacemos. Se acaba el playlist y la pantalla sigue en blanco tal vez el refresco entorpece a las musas. Tragos derechos de la botella, total parece que a Pedro infante le funcionaron, lo prueban todas esas películas de la época dorada. Una cosa lleva a la otra, pasas de Peter Child a José Alfredo y antes de darte cuenta te quedaste dormido sobre el teclado. Despiertas y no encuentras nada más que un mísero renglón:

“cuando te sientas frente al monitor y solo esperabnmmmmmmmmmmmmmmmmm”

viernes, 10 de enero de 2014

En un hospital cualquiera

Hoy se han llevado al señor Ernesto. Paso toda la mañana quejándose de un dolor  en el pecho y le costaba trabajo respirar. Nunca supe que es lo que tenía, y cuando le pregunte, solo me dijo que le bastaba con verse internado en el hospital y que preferiría hablar de otras cosas. Yo por mi parte quiero saber, pregunto a enfermeras y doctores sobre cada procedimiento, creo que los fastidio un poco, pero que importa. Nunca había estado hospitalizado y todo es nuevo para mi; la bata, la cama, los puntos en mi abdomen, el suero. Me agrada un poco que las personas vengan y pregunten por mi, que si siento dolor, que si tengo frío, que mi temperatura. Todo es diferente a mi vida habitual en la que a veces paso días sin cruzar palabra.

Se que no durará, solo me sacaron la apéndice y ya mañana podré irme de aquí, y con algunas precauciones volver a mi vida cotidiana, o mejor dicho a la indiferencia. Me siento más vivo aquí en esta cama, con todas estas sensaciones y esta curiosidad.

Ayer platicaba con el señor Ernesto, parece que el tampoco tiene familiares, siempre estábamos solos, me contaba sus intenciones de viajar a América de Sur  y conocer el Amazonas, aunque no lo recorrería pues admitía que a su edad sería muy descabellado.

Platicábamos largo rato y solo nos callábamos cuando la mujer de mi derecha con quien compartíamos habitación le llegaban visitas. Aun no se porque  esta aquí pero al parecer le han amputado las dos piernas y aunque el desfile de amigos y familiares intentan animarla, no parece surtir efecto. Ella no hace más que mirar a la pared y responde a sus preguntas sin siquiera mirarlos. Yo no soportaría eso de vivir mutilado, la compasión y la piedad me parecen dos sentimientos detestables. Quizá por eso me gusta la atención de enfermeras y doctores, en ellos ya no cabe la compasión, en su rutina de tragedias la han borrado, son incapaces de sentirla.

Creo que la mujer de mi derecha no ha sido capaz de soportarlo y pareciera que se esta dejando morir o tal vez esta algo deprimida solamente pero no ha querido comer a pesar de que las enfermeras le insisten. Sigue sin hablar con sus familiares, me parece que hace lo correcto si no puede vivir como ella quiere para que hacerlo, a fin de cuentas vivir no es una obligación. El señor Ernesto opina lo contrario, cree que la vida se nos dio por algún motivo y que uno no puede solo claudicar ante la muerte.

Le pregunte a la enfermera a cerca del señor Ernesto. “ha muerto de un infarto, ya no pudimos hacer nada”  fue su respuesta. Eso no lo esperaba, no me parecía tan grave su dolor en el pecho.

Me quedan pocas horas en el hospital,  mañana me darán de alta. Me pregunto como se sentirá un infarto, siempre me ha dado curiosidad la muerte, y a uno le dan ganas de saber si el dolor antes de morir te hace sentir más vivo que la vida en si, no lo se. Pienso en el que es fusilado por ejemplo, alguno con la mala suerte de no recibir ningún disparo que le provoque la muerte instantánea; que sienta el calor y el ardor de los agujeros de bala, la calidez y el olor de la sangre. El dolor no es mas que la vida misma, vida que no es mas que sensaciones. Que pasaría si un día despertara sin mis sentidos. No vería la luz, no sentiría el aire entrar por mi nariz, ni la calidez de mi cama, no habría sonidos que pudiera percibir. Nada me haría creer que estoy vivo, la mera conciencia no nos sirve para eso.

Por eso me gusta estar aquí, me siento más vivo que afuera. El dolor en mi vientre, el olor a antibiótico y a enfermo, las agujas en mi brazo, todas esas sensaciones de vida tangible me llenan. No es que sea masoquista o algo por el estilo, es solo que soy un poco curioso.

Se han llevado también a la señora de mi derecha, parece que le ha pasado algo, se ha estado quejando calladamente todo el día.


He estado solo un largo rato en la habitación, y me he puesto a pensar de nuevo en don Ernesto, lo envidio de alguna forma, él ya posee respuestas y yo solo aquí en la cama de un hospital esperando a que el doctor venga a darme de alta.

martes, 30 de julio de 2013

Una camisa cualquiera.

Aún estaba oscuro cuando abrió los ojos, pero el despertador atacaba sin tregua sus oídos que imploraban misericordia. Se levantó y callo el aparato, volvió a la cama. No podría dormir más, aunque sabía que le quedaba media hora, aún era temprano.

A las seis treinta salió del baño envuelto en una nube de vapor, se paró frente al closet y se quedó contemplando toda la ropa que ahí se encontraba colgada como reses en un matadero. Se sentía cansado, no físicamente; no, más bien cansado de tener que arreglarse. Tenía bastante ropa y toda la utilizaba, tenía para cada ocasión y ninguna en verdad le gustaba la compraba porque la requería. Necesitaba vestir a la moda para trabajar en una oficina elitista como en la que estaba, para gustarle a esa hermosa chica fresa que alguna vez conoció, y hasta para que no lo miren feo en aquel club deportivo al que pertenece.

Le gusta hacer esas cosas, no tiene problema alguno con ello, la gusta el dinero que le deja su trabajo; y mirar a sus compañeras narcisistas con sus vestidos entallados y faldas cortas; le gusta ir al club a jugar tenis, o tal vez a nadar un rato. Solo no le gustaba la ropa, salvo una prenda. Una horrible camisa verde agua con grandes flores rojas estampadas por todos lados de mangas cortas.

Contemplo su camisa verde, le gustaba, en verdad le gustaba. No sabía la razón, quizás era lo llamativa y ridícula que era. Se vistió con ella. Era la primera vez que la utilizaba, nunca la había vestido y sabía que no lo haría. Solo la conservaría ahí en el rincón más escondido del closet como su más grande orgullo, ese que no debe ver nadie.

Se sentó en la cama con la camisa puesta, no quería ir a trabajar. Ese día solo quería quedarse en casa y vestir su camisa. Su horrible camisa símbolo de su voluntad, esa pequeña voluntad que aun protegía, y que era lo único que conservaba, la demás la vendía a cambio de los placeres de una vida acomodada. Ya no se podía expresar libre, ni vestir como quisiera, ni hacer lo que quisiera. Ahora tenía que vivir bajo las reglas, para vivir bien.


Ese día no trabajo, no hizo nada, solo se quedó tirado en la cama con el último resquicio de voluntad que le quedaba. Una voluntad verde con enormes flores rojas.

domingo, 9 de junio de 2013

No significa nada

¿Cómo llevar las palabras al papel?
¿Cómo plasmarlas en tinta
y no sonar como un idiota?
Qué más da, no significara nada
como todo lo demás.

Nada significa mi amor
por los libros,
o la calidez que siento
cuando tomas mi mano
y me besas con ternura.

No significa nada
que le agrade a tu madre,
o que digas que me quieres,
aunque me quieras.
Tampoco que mi corazón
se detenga cuando te veo desnuda
y mi mano recurre tus muslos
y tu vientre.

Me podría ir de tu vida,
desaparecer, morir de repente y
no sería nada.
No le importaría al mundo,
nada cambiaría.
Solo llorarías un poco
por algunos días, y
quizás, por algunas semanas
estarías triste y melancólica.
Pero lo superarías en un mes
o dos, y hablarías de mi
como si aún estuviera.

Comenzarías a olvidarme
luego del primer año.
Habría menos gente en común,
y, aunque tratara de aferrarme
a tu mente, me suplantarías
con personas nuevas y
recuerdos nuevos y amores nuevos,
está bien, porque no significa nada.

Un día, años después
me recordarías por última vez
(mientras escombras tu closet
o aquel armario que ya no abres
nunca), cuando se asome aquel
viejo libro que te di un día.
Lo verías, sonreirías y quizás
exhalarías un suspiro de nostalgia.
Pensarías en mi por un instante
mientras colocas el libro de vuelta
a su lugar, y me olvidarías

para siempre.

jueves, 11 de abril de 2013

¿Quién eres tú?

¡¿Quién eres tú?!
Quien eres tú
para hacerme pensar en ti,
para que de pronto, los libros
solo hablen de ti
o hablen contigo.

¡¿Quién eres tú?!
para idiotizarme con esas piernas,
para hacer que las nubes
me recuerden tu mirada,
y que mis noches se conviertan
en un ruego por tu cuerpo
tu sonrisa o tu piel.

¡¿Quién eres tú?!
Para meterte en mi cabeza
y pararte en medio
y gritar y mover los brazos,
y sacudirme la medula,
los huesos, el alma.
Y no te vas ,
y ocupas más espacio que todo
y todo lo amontonas,
lo haces a un lado,
lo enrollas, lo aprietas
en rincones olvidados,
y yo miro,
solo te miro, me gusta verte,
ya lo sabes.
Y dejo que aplastes,
avientes y pisotees recuerdos
para imponerme los tuyos.

Y aunque a veces me
pregunto: ¿Quién eres tú?
no hago nada, solo
me dejo llevar por ti
te beso cuando quieres que lo haga
y me aferro a tus piernas
como aferrándome a la vida
y a la muerte, si,
las dos al mismo tiempo.
Porque al hacerlo me siento vivo, tan vivo
que podría morir ahí fulminado
por consumirme toda la vida
en ese instante. Pero
qué importa que te fumes mi vida,
si cuando lo haces, es cuando vivo. 

domingo, 31 de marzo de 2013

Nunca has estado solo


Sentado. Acostumbrándome a ser parte de la nada.

Un silencio abrumador, absoluto.
Solo oyes el latido de tu corazón
y este se funde con el silencio
y piensas en muerte, calma y soledad.
Te crees fuerte para soportarlo,
pero te sabes incrédulo, al fin,
nunca has estado solo
tienes esa ventaja o esa desgracia.

La luz de la computadora te atonta
y deseas un trago y correr,
fatigarte hasta escupir los pulmones.
Ver a la gente que camina contenta,
se tocan las manos,
se rosan con los ojos.
Te sabes igual.
No lo soportas y buscas una imagen,
la imagen de una mujer
cualquiera, no importa,
solo quieres distraerte,
quizás enamorarte y seguir
sin estar solo,
al menos otro instante más.

Cierras la computadora,
ya no lo soportas y sales.
Miras a todos lados
no lo encuentras, buscas algo
no sabes qué, pero lo buscas.
Entras a un cine.
Te ves y te ven raro
la única figura sola,
eres como un fantasma
del que todos evitan su mirada.
Te sientas solo y vacío
y contemplas la pantalla
una trama tonta, simple
como la vida de cualquiera,
como tu vida.
Gente buscando gente entre gente.

Sales del cine, caminas
por una avenida
siempre mirando.
La soledad es más cruel
cuando estas rodeado de gente acompañada.
Intentas soportarlo
es como una prueba, piensas.
Hay una librería, nunca has podido ignorarlas,
entras, hueles los libros
te detienes frente a los libros de autoayuda,
ríes, esos títulos siempre te hacen reír.
Piensas en una gran broma
y volteas a los lados, estas solo,
es una lástima, era una buena broma.
Sales de la librería
ya estas más confiado.
La soledad no es gran cosa,
crees que puedes soportarlo,
al fin, ya estás cansado de no estarlo.
Vuelves a casa,
entras y respiras profundo,
sacas el arma y te disparas.

sábado, 23 de febrero de 2013

Un álbum cualquiera


Se encontraba sentado en su sillón, contemplando el tiempo, viéndolo escurrirse por las paredes, los muebles, su vida; para luego filtrarse por las grietas del suelo y consumirse sin dejar huella. Se preguntaba como era posible que hubieran transcurrido 48 años de su vida, él lo sentía tan poco y a la vez demasiado.

Saco un álbum de fotografías, el único que guardaba. Y curiosamente no había ninguna foto de él en aquel álbum. No podría soportar ver la erosión que el tiempo había dejado.

El álbum estaba dividido en dos partes, una llena de fotos de amigos, de situaciones graciosas y locuras de toda clase.

Él miro aquellas fotos, algunas de su juventud, otras no tanto y algunas pocas que no tenían más de 4 años. Miraba los rostros, los lugares y añoraba los momentos; reía con recuerdos olvidados y rememoraba pláticas empolvadas en su mente. Cada página, cada imagen lo hundía  en una melancolía cada vez más grande y con ella llego a la segunda parte del álbum.

En ella solo había fotos de mujeres, rostros y rostros de mujeres que desfilaban frente a sus ojos y que parecían mirarlo con ternura. Sus sentimientos comenzaron a desbordarse, al mirar a todas aquellas mujeres con las que él había compartido su vida y que quiso. Su corazón parecía que se detendría. Ahora con todo el tiempo transcurrido, no era capaz de recordar el nombre de todas, ni sus actitudes o gustos. Lo único que tenia eran momentos hermosos, entrañables con una mujer ficticia, formada con las partes de todas; con un monstruo de su imaginación. No con ellas, que lo contemplaban con ternura.

Sus esfuerzos fueron en vano. Los recuerdos no se mostraban claramente, solo mostraban cuerpos sin caras, voces irreconocibles y una nostalgia absoluta. Añoraba a todas, a todas las mujeres que lo amaron. Extrañaba su aroma, sus pláticas, sus enojos. Pero más que nada extrañaba su vida.

Ahora solo y tirado en el sillón, con una cerveza en su mano sabía que no había marcha atrás, que nada volvería a comenzar. No se arrepentía de su vida, vivió como quiso. 

Mejor dicho no extrañaba su vida, solo extrañaba su juventud que se evaporo en el tiempo sin dejar huella.

Unas piernas cualesquiera





Era una tarde fría de otoño. Se encontraban recostados en el pasto, ella con su cabeza sobre el pecho de él. Él mirando las nubes buscando formas en esas amorfas blancas, que hipnotizan con su lento mutar.
- Me gusta estar así, contigo- dijo ella.
- Pues a mi me gustan tus piernas-.
- Mis piernas son tuyas, solo tuyas-.
Al escuchar esto. Sintió que algo le recorría por la espalda, subía a la nuca y le bajaba de nuevo a las entrañas, para instalarse ahí. Se pregunto ¿como fue, a que hora, en que lugar fue que él se ganó las piernas de quien con él estaba?... No encontró respuesta, solo la apretó entre sus brazos y se lleno los pulmones de su olor. Estaba contento de ser el dueño de unas piernas, eran unas buenas piernas nunca se cansaría de ellas, pensó.
La beso, de una manera tierna, quizás como nunca lo había hecho.
-Te quiero-.
Sollozo ella con voz temblorosa después de aquel beso que la había dejado sin aliento. Y pareció volcar su alma, su vida en aquellas palabras.
- Yo también te quiero-. Dijo secamente, mientras intentaba encontrar a que le recordaba aquella nube lejana.
Eran dos te quiero completamente distintos, pero esto no era culpa de él ni de ella. No se referían al mismo te quiero, el de ella era un todo, un absoluto, una entrega casi total. Mientras el de él era más como una frase inconclusa; un te quiero tener, te quiero besar, te quiero... que incapaz de ser terminado se disolvía en el viento.
Así se quedaron largo rato mirando el cielo. Él no podía sacarse de la cabeza las piernas que ahora le pertenecían. Se las imaginaba de mil formas distintas, era capaz de verlas de todos los ángulos al mismo tiempo. Se imaginó recorriéndolas con una mano y luego con las dos, se pensó rosándolas con la mirada, lamiéndolas con las pupilas hasta llenarse de ellas.
Sabía que no las merecía, pero eso no le importaba. Lo mismo le daba que fueran las piernas de ella o las de otra, el disfrutaba de la compañía de las mujeres. Bastaba con que fueran bellas y dulces para que sintiera necesidad de besarlas, de sentirlas en un abrazo largo y lleno de ternura, y sentir de repente que la vida se limitaba a aquel momento. Y aunque él sabia que había momentos en que en verdad deseaba amarlas, como ahora lo tenía con ella, eso no bastaba. No bastaba amar sus piernas hermosas, suaves… perfectas. Miró una nube lejana, era una mancha amorfa, pero le recordó a sus piernas, y las sintió lejanas y tuvo la necesidad de tocarlas por primera vez. Estiro su mano y ahí estaban, cálidas y llenas de vida, y sus dedos se asieron tanto a ellas que parecieron fundirse, las piernas se volvieron una extensión más de sus manos y sintió nostalgia, añoro un sentimiento que jamás había sentido.
-Quizás no hay más amor del que cabe una noche entre las manos.- Pensó.
Decidió guardar las ideas para después y se limito a disfrutar de ella, de su compañía y de sus nuevas piernas.

martes, 8 de enero de 2013

Idilio


Llegue tarde a casa de Fernando, siempre me ha agradado llagar a las fiestas cuando ya están llenas de gente, así puedo dedicarme a beber rápida y desmesuradamente sin ser juzgado. Lo mejor de esas reuniones de la universidad es el alcohol. Al contrario de las platicas que casi siempre son sosas y cargadas de una falsa moral que me desespera, o quizás es solo mi pequeña misantropía, no lo se.

Ya con caguama en mano bebía apresuradamente, y no tarde en dejar el envase de litro doscientos vacío. Me apresure a ir en busca de otro trago. Decidí ir a explorar el lugar, ver si podía encontrar algo nuevo que resaltara. Veía rostros familiares y actitudes conocidas. Besos apresurados en algún rincón, llenos de caricias furtivas en la obscuridad; platicas que evocaban tiempos que parecían mejores; anécdotas humillantes de conocidos y desconocidos que ya conocía, y que no me interesaban. Y claro, todos fingiendo saber de lo que se trata la vida. Fue en mi búsqueda que tropecé contigo y tus ojos obscuros,  más embriagantes que la cerveza. Yo atónito, no pude más que seguirte con la mirada, seguir el dulce movimiento de tu cabello, y ese vaivén de tus caderas que me hipnotizo.

Fui en busca de Fernando para preguntar  por ti. No obtuve más que una respuesta negativa y dos o tres consejos para que te hablara.

Mi cerveza y yo rondamos por la fiesta buscando un momento para intercambiar una sonrisa o quizás algunas palabras.

Te vi cruzar la sala te dirigías al baño, sabia que era mi única oportunidad, fui tras de ti no sabia que decir, quizás solo preguntar tu nombre o quizás solo una sonrisa no lo se cualquier cosa. Tu te volviste me miraste fijamente y yo me quede petrificado, tu mirada era de una belleza insoportable, expresaba todo y nada. Sonreíste y sin decir más, me besaste. Fue un beso largo, lento y lleno de calor, de esos besos que jamás se olvidan. Luego vino un silencio, mientras mis manos se negaban a soltar tu cálido cuerpo, yo me iba impregnando todo de ti: de tu figura, de tu aroma, de tu sabor. Quería decir que te amaba, eso era lo que sentía, podría quedarme ahí parado contigo todo el tiempo, no importaba, nada importaba. Tú también querías decirlo, o al menos eso es lo que quiero recordar. Deseamos juntos que el mundo se acabara y morir juntos en ese instante. Pusiste un papel en mi mano y te fuiste. Saliste de la fiesta sin decir nada. Me quede atónito no sabia como reaccionar. Leí el papel “nos vemos mañana frente a la biblioteca de la escuela a las 12”.

Jamás supe a que hora escribiste ese papel. Esa noche no pude dormir pensé en ti todo el tiempo, te imagine de mil formas distintas, pero todas perfectas. Imagine que te gustaba leer; que escribías poemas; que llorabas como nadie llena de melancolía; que me entenderías en todas mis locuras e ideas extrañas. Esa noche te amé, y era un amor tan embriagante.

Llegue 15 minutos antes de la cita y me quede sentado esperándote. Tú llegaste puntal, justo a las 12 te vi. Venias con tu caminar suave e hipnotizante de la noche anterior. Te acercaste y sin decir más me besaste, pero el beso fue vacío, parecía más una formalidad. Y tus ojos ya no eran embriagantes. No pude soportarlo, mire hacía otro lado y pregunte como estabas. Bien, fue todo lo que dijiste y surgió un silencio áspero. Te apresuraste a buscar algo que comentar y me hablaste de tus padres, tu perro, tu hermano, y como te trataba la escuela. “¿Te gusta leer?”, te pregunte interrumpiéndote. Reíste para luego responder “No, pero entonces yo estaba así cuando mi papá…”. Eso me confundió, casi no pude soportarlo, ya no eras tu la misma que yo imagine, esa que sería capaz de entenderme, eras otra persona no eras a quien yo amé por la noche. No me interesaba tu autobiografía u oír de tus recuerdos que jamás serían míos. Tu seguías hablando “…y mi amiga me dijo que era lo mismo, y nos empezamos a reír todos…” y la desilusión y desesperación se apoderaban de mi cada vez más. No podía reclamarte, decirte embustera, que todo había sido una farsa, no a fin de cuentas no hiciste nada. No pude soportarlo, tenía el corazón roto. Me levante y me fui, tu te quedaste. Ya no te oí decir nada, ya no podía. Habías destrozado mi amor por ti, no, no era por ti, yo ame a alguien más que imagine y deposité en tu cuerpo. Alguien que a veces… extraño.

sábado, 8 de septiembre de 2012

El primer trago


Nada como el primer trago
que traspasa la garganta
y la corroe, profunda y lentamente.
Que alcanza nuestras entrañas
y se fusiona con nosotros.


Ese trago nos incita,
nos recuerda que nada es suficiente,
nada.
Ni la abrumadora rutina,
ni la falsa nostalgia de los libros,
ni las mujeres,
ni el alcohol.
Ni siquiera el cansancio
es suficiente.

Eso es estar jodido.

martes, 14 de agosto de 2012

Fantasía continua


Todos tenemos una historia que contar,
una mil veces repetida
pero nunca vista.
Todo ya ha sido vivido,
ya todo ha sido preguntado
y nunca respondido.

Vivir es esa nada constante
que aturde,
abruma,
y seduce.
Una fantasía continua,
es dar significado a lo sin sentido.

Vivir es sentir.
Es tocar,
lamer,
oler.
Venirse en una mujer
y en la taza del baño,
no importa, al final
siempre te sientes más vivo.
es beber hasta el hartazgo
y luego volver a beber.
Saborear la resaca.
Es simplemente hacer todo y nada
contemplarte a ti mismo
contemplar la lluvia
y sentir las gotas.
Impregnarte con un poema,
un texto, y saborear las palabras.
Es verter tu éxtasis en papel,
tu vida y tu muerte.
Es saber la muerte
con sacrificios o sin ellos,
con mesura o con excesos.

Nada es tan suave
como la piel de una mujer,
nada es tan entretenido
como la embriagues.
y nada reconforta más
que saber que espera la muerte.

Vivir. Improvisar constante.
No hay que hacerlo todo,
basta con saber que se puede.

Es caminar por tu mente,
extasiarte hasta el limite,
hasta que todo sea insípido,
plano,
nada.

Ahí sabras que vivir
es querer morir.

martes, 26 de junio de 2012

Incompleta


Hoy te busque en las paginas de aquel viejo libro… aquel libro que compartimos los dos. Te busque a ti, a tu olor, a tu rostro y a esa mirada que siempre tenia algo que decir. Pero no estabas, no te encontré en ninguna página. No halle rastro tuyo, solo letras vacías que no contenían nada, que no te contenían.

Te borraste. Te desvaneciste del libro y de mí. Tu rostro no estaba, tu sonrisa ya no era tu sonrisa y tus gestos en mi mente no eran más que una burda parodia tuya, un fallido intento por retenerte. Pero esa, esa en mi mente no eras tú, esa estaba incompleta y era perfecta. Y yo me sentí roto.

Nada, no hay nada que hacer, sé que no había otro final posible. Que a fin de cuentas te desvanecerías de mi, que tu recuerdo se iría difuminando hasta que fueses perfecta, y que ya no quedaría posibilidad de retenerte, a ti como en verdad eras. Y ahí lleno de nostalgia deseé volver a conocerte. 

No Soporto


Estas en mí.
Cuando tu no estas
Te fundes conmigo
Nos volvemos uno.
Te tornas dependiente de mí,
De mi recuerdo.

Cuando estas,
No eres mía,
No eres yo.
Eres tan real,
Tan ajena,
Que duele.

No soporto que existas.
No soporto esta distancia.

Necesito tenerte
Poseer cada gramo de ti
Cada idea.

No soporto compartirte.
No soporto que te miren.

Yo necesito tu existencia.
Nadie te necesita como yo.

Quédate en mí,
Conmigo.
Impregna tu olor,
Tu sonrisa,
Tu cuerpo.
Quédate así perfecta en mi.

No soporto que existas.
No soporto esta distancia.
No soporte verte viva.

martes, 24 de abril de 2012

Sueño


He soñado con mi funeral. Lo cual no es gran cosa, pero ha conseguido marcarme de un modo profundo. Era un sueño simple.

En una funeraria yacía mi cuerpo dentro del ataúd. Esa caja que sirve para hacer creer a la gente que aun vale algo nuestro cuerpo sin vida. La gente alrededor mío, la mayoría con una expresión seria y otros pocos con una sincera tristeza. Dos salas a la derecha se encontraba otro funeral, un desconocido que ha muerto el mismo día que yo. Los rostros, los sentimientos y el comportamiento de las personas ahí eran idénticos al de los que estaban conmigo. No hay diferencia remarcable, es la misma escena en ambos lados del edificio, esa escena que se ha representado un sin número de veces en todas partes. Siempre igual.

Al ver que era lo mismo en ambos lados me sentí ofendido ¿Cómo podía ser lo mismo? ¡Yo lo medite, yo tuve el valor de rasgarme la piel!… ¡ver mi sangre correr!... ¡yo saboree la muerte, la desee! Él murió en un accidente desafortunado, su muerte fue una casualidad, la mía una vulgar obra de arte.

Yo no quería nada de esto; yo no quería gente aquí, ni lágrimas pasajeras, ni recuerdos insignificantes de mi persona. Yo no quería una caja, ni velas, ni café, ni galletas...Yo solo quería morir. Morir y ser olvidado.

jueves, 19 de abril de 2012

Conversación inesperada

Siempre creí que moriría de una forma tranquila, quizás sentado en la sala de mi casa esperando la muerte. Viendo al horizonte y evocando los recuerdos de la vida que iba dejando atrás, repasando cada detalle de ellos, con minuciosidad y desconfianza, provocadas por la poca fiabilidad de los recuerdos propios y ajenos. Esta de cierto modo, era mi muerte soñada, lenta y tranquila.

No sé cómo ha pasado, de repente heme aquí entrando en el infierno, jamás creí que fuese de este modo: se asemeja demasiado a cualquier ciudad grande del mundo, pero con un caos aun mayor imperando en las calles, grupos de gente peleando, otras simplemente conversan y hay quienes simplemente solo observan. No hay carros, o algún medio de transporte, ni tecnología ni nada por el estilo. Una anarquía total eso es, pura y  completa anarquía. ¿Qué cómo sé que es el infierno? La verdad no lo sé, solo lo intuyo.

Sigo descendiendo, cayendo dentro del infierno, aun no consigo saber porque he terminado en el inferno. Tengo tantas preguntas, no soy capaz de recordad ni como morí. No recuerdo nada de mi vida, pero por alguna razón se donde estoy, es un sentimiento de certeza que…

-Eso es porque sabias que era aquí donde ibas a terminar-

- ¿Por qué no recuerdo nada de mi vida, más sin embargo sé que estoy muerto?-

- Al morir olvidas tu vida no es necesario que la recuerdes, nada de ella te será útil aquí-

-¿Quién eres?-

- Tú sabes que soy el amo de este lugar, no pierdas el tiempo haciendo preguntas cuyas respuestas conoces-

Para ser Satanás era el ser más hermoso que jamás había visto, no hay palabras capaces de describir semejante belleza, reflejaba tranquilidad, serenidad, una enorme paz. Todo lo contrario a lo que describen. Podría solo contemplarlo, quizás para siempre, pero tengo tantas preguntas.

-¿Por qué termine aquí?-

- ¿Por qué no?-

- Bueno, tengo la sensación de haber llevado una vida normal, siempre bajo la ley, pude haber sido una buena persona-

-Me das una respuesta pretenciosa, y aun así te preguntas que haces aquí, no crees que es irónico ¿Quién dijo que lo normal es lo correcto? Esto no es la vida-

- ¿Pero si soy un hijo de dios?

-¿Qué te hace pensar que tu dios los ama en verdad? Ni siquiera se compadece de ustedes, mas sin embargo siempre creerán lo que él quiera, siempre tendrá el grandioso libre albedrio para escudarse y seguir con su farsa, y ustedes que le tienen fe –

-¿Cómo es posible? Nada es tomado en cuenta… ¿Entonces, para que existimos?-

-Digamos que son nuestro programa de televisión favorito-

-¡Como se atreven! ¡Nosotros no somos sus juguetes! Tenemos conciencia…-

-Nosotros moldeamos su conciencia, como si fuese plastilina. En realidad ustedes creen lo que queremos que crean, ateos, budistas, católicos, musulmanes, todos son creaciones nuestras-

-Ahora entiendo, solo lo hacen para darle variedad a su entretenimiento, no somos más que sus payasos particulares-

-Ese es su único mérito, que tienen la capacidad de deducción, pero nadie lo usa, a nadie le gusta saberse el payaso de los demás, claro de una forma no intencionada. Ustedes se sienten dueños de sí mismos, que tienen la completa libertad de elegir entre el bien y el mal, que ustedes se han creado sus propias reglas, ja que ingenuos y pretenciosos son los humanos, siempre creyéndose importantes, únicos, especiales, eso se llama vanidad pura y simple vanidad, y aun así se preguntan el ¿por qué terminan en esta lugar?…

Fue en ese momento que recordé la forma en que había vivido, todas y cada una de mis acciones, siempre impulsadas por mi ego, por mi necesidad, puro y simple instinto. Es triste darse cuenta de esta realidad, saberse el títere de seres más poderosos (una constante en mi vida), siempre he hecho lo que me han dicho, en la familia, en el trabajo, en la escuela nunca tuve una opinión propia.

-Bueno, y ¿Cuál será mi tormento en este lugar?... ¿Cuál será mi castigo?-

-¿Castigo? Ja que te hace pensar que ocupo mi tiempo pensando en un castigo para ustedes. La verdad es que no hay paraíso ni infierno, solo este lugar que es el depósito de basura del mundo. Tu no me interesas nunca nos has importado, sal gasta tu eternidad ahí afuera. Conviértete en una rutina sin fin ni razón ahora que sabes cual es tu propósito-.

Prefiero los funerales

Y la muerte y yo nos vemos tan seguido.
Diane Wakoski.

Yo no sé, quizá sucede que mi familia tiene muchos parientes o es que la gente se muere muy seguido. Y parece que con la adolescencia adquirí un derecho no reclamado: el de estar del tingo al tango con mi madre en visitas de hospitales, funerarias y entierros.
Los funerales molestan menos, hay café y culpas asumidas. Pero los hospitales…
A lo mejor  es que hoy estoy alterada y eso me impide dejar de llorar. Llevo, en la semana, una visita a la hija leucémica de no sé quién, y el trasplante de riñón de tía Bertha. La primera clínica no estaba mal, la segunda vendía tortas infames.
Me molesta llorar sin control, aunque, francamente, tengo mis razones para estar así, como enfurecida; es el segundo intento de suicidio de mi mamá en menos de un año. Ya para el tercero, a ver quién llama al médico, porque yo, no.
Era mejor cuando vivía papá. Él sí que no permitía a mamá llevarme a sus relajos. Nos quedábamos viendo películas. Las de asesinos psicóticos nos gustaban mucho.
Ambos tratábamos de adivinar cómo matarían a la próxima víctima. Sospecho que papá hacía trampa en el juego y había visto todas las películas y ganaba siempre.
El día que papá murió mi madre estaba contenta. Quiero decir, no contenta contenta de alegre, sino, más bien, realizada por un lado y triste por el otro. Su vida era consolar a los familiares del enfermo, del herido, del muerto, y ese día, todos le devolvieron el favor sin tardanza. Ni en las fiestas que daba mi padre vi tanta gente como en su entierro. Aunque la mayoría eran personas conocidas de mamá.
A veces, en la noche, la oigo entrar a mi cuarto. Me revisa el pulso, la respiración, suspira y se va.
Cualquiera tendría un mal presentimiento por su actitud –de alguna manera soy su única posibilidad de volver a ser consolada -pero yo estoy sana; gracias a ella ninguna enfermedad me acecha. Sé que el suspiro es de alivio y por eso confío.
Tal vez mamá hubiese preferido que llamara a alguien por su hospitalización, pero quién sabe: como la vez pasada evitamos el tema, no me arriesgué. Yo no sé organizar estas cosas. La verdad me aburren, no me parezco a ella. La acompaño a sus quehaceres más por costumbre que por gusto. Insisto, dado el caso, prefiero los funerales. Además, el negro me queda bien y a mamá no le molesta que vaya a la moda siempre y cuando elija el color negro en mi ropa. Eso de que me sienta bien lo obscuro me lo dijo mi primo en el velorio de su padre. Fuimos a la parte trasera de la casona y lo consolé a mi modo con bastante buen resultado.
Me duelen los brazos. Mamá es delgada pero creo que la gente pesa más cuando está dormida. Ni modo, hubo que cargarla, de aquí a esperar a que llegara la ambulancia. Además los vecinos…
Este Jorge ya tardó. Es el doctor de la familia. Mamá siempre lo atormenta con enfermedades imaginarias y el la tolera. Digo imaginarias porque mi madre solo ha requerido hospitalización cuando intenta matarse. Pobre, eso debe ser frustrante.
Al fin aparece Jorge con mala cara.
-Creo que esta vez se le pasó la mano -me dice.
Quedo muda. El llanto se me corta.
-No pude hacer nada –se disculpa.
La sorpresa me confunde. ¿Qué iba a hacer sin ella? Es decir, yo no sé organizar estas cosas y detesto que me abrazoteen y besuqueen desconocidos –los rostros húmedos, las ropas negras que apestan a naftalina-. Y todo lo de la funeraria: los telefonemas, las flores, ¡Dios mío, las esquelas!
-¿Quieres pasar a verla?
Respondo no, y sin hacer caso de algo que intenta decir me encamino a la salida. Entonces decido escapar, huir, volver en tres días cuando todo haya acabado.


Carolina Luna.

A Maria del cielo

Y ya al pisar los últimos abrojos
De esta maldita senda peligrosa
Haz que ilumine espléndida mis ojos
De tu piedad la antorcha luminosa
García Gutiérrez.
Flor de Abraham que su corola ufana
abrió al lucir de redención la aurora:
tú del cielo y del mundo soberana,
tú de vírgenes y ángeles Señora;

Tú que fuiste del Verbo la elegida
para Madre del Verbo sin segundo,
y con tu sangre se nutrió la vida,
y con su sangre libertose el mundo:

tú que del Hombre-Dios el sufrimiento,
y el estertor convulso presenciaste,
y en la roca del Gólgota sangriento
una historia de lágrimas dejaste;

tú, que ciñes diadema resplandente,
y más allá de las bramantes nubes
habitas un palacio transparente
sostenido por grupo de querubes

y es de luceros tu brillante alfombra
donde resides no hay tiempo ni espacio,
y la luz de ese sol es negra sombra
de aquella luz de tu inmortal palacio.

Y llenos de ternura y de contento
en tus ojos los ángles se miran,
y mundos mil abajo de tu asiento
sobre sus ejes de brillantes giran;

tú que la gloria omnipotente huellas,
y vírgenes y troncos en su canto
te aclaman soberana, y las estrellas
trémulas brillan en tu regio manto.

Aquí me tienes a tus pies rendido
y mi rodilla nunca tocó el suelo;
porque nunca Señora, le he pedido
amor al mundo, ni piedad al cielo.

Que si bien dentro del alma he sollozado,
ningún gemido reveló mi pena;
porque siempre soberbio y desgraciado
pisé del mundo la maldita arena.

Y cero, nulo en la social partida
rodé al acaso en páramo infecundo,
fue mi tesoro una arpa enronquecida
y vagué sin objeto por el mundo.

Y solo por doquier, sin un amigo,
viajé, Señora, lleno de quebranto,
envuelto en mis harapos de mendigo,
sin paz el alma, ni en los ojos llanto.

Pero su orgullo el corazón arranca,
y hoy que el pasado con horror contemplo,
la cabeza que el crimen volvió blanca
inclino en las baldosas de tu templo.

Si eres ¡oh Virgen! embustero mito,
yo quiero hacer a mi razón violencia;
porque creer en algo necesito,
y no tengo, Señora una creencia.

¡Ay de mí! sin creencias en la vida,
veo en la tumba la puerta de la nada,
y no encuentro la dicha en la partida,
ni la espero después de la jornada.

Dale, Señora, por piedad ayuda
a mi alma que el infierno está quemando:
el peor de los infierno... es la duda,
y vivir no es vivir siempre dudando.

Si hay otra vida de ventura y calma,
si no es cuento promesa tan sublime,
entonces ¡por piedad! llévate el alma
que en mi momia de barro se comprime.

Tú que eres tan feliz, debes ser buena;
tú que te haces llamar Madre del hombre,
si tu pecho no pena por mi pena,
no mereces a fe tan dulce nombre.

El alma de una madre es generosa,
inmenso como Dios es su cariño:
recuerda que mi madre bondadosa
a amarte me enseñó cuando era niño.

Y de noche en mi lecho se sentaba
y ya desnudo arrodillar me hacía,
y una oración sencilla recitaba,
que durmiéndome yo la repetía.

Y sonriendo te miraba en sueños,
inmaculada Virgen de pureza,
y un grupo veía de arcángeles pequeños
en torno revolar de tu cabeza.

Mi juventud, Señora, vino luego,
y cesaron mis tiernas oraciones;
porque en mi alma candente como el fuego,
rugió la tempestad de las pasiones.

Es amarga y tristísima mi historia;
en mis floridos y mejores años,
ridículo encontró, buscando gloria,
y en lugar del amor los desengaños.

Y yo que tantas veces te bendije,
despechado después y sin consuelo,
sacrílego, Señora, te maldije
y maldije también al santo cielo.

Y con penas sin duda muy extrañas
airado el cielo castigarme quiso
porque puse el infierno en mis entrañas;
porque puso en mi frente el paraíso.

Quise encontrar a mi dolor remedio
y me lancé del vicio a la impureza,
y en el vicio encontré cansancio y tedio,
y me muero, Señora, de tristeza.

Y viejo ya, marchita la esperanza,
llego a tus pies arrepentido ahora,
Virgen que todo del Señor alcanza,
sé tú con el Señor mi intercesora.

Dile que horrible la expiación ha sido,
que horribles son las penas que me oprimen;
dile también, Señora, que he sufrido
mucho antes de saber lo que era crimen.

Si siempre he de vivir en la desgracia,
¿por qué entonces murió por mi existencia?
si no quiere o no puede hacerme gracia,
¿dónde está su bondad y omnipotencia?

Perdón al que blasfema en su agonía,
y haz que calme llorando sus enojos,
que es horrible sufrir de noche y día
sin que asome una lágrima a los ojos.

Quiero el llanto verter de que está henchido 
mi pobre corazón hipertrofiado,
que si no lloro hasta quedar rendido
¡por Dios! que moriré desesperado.

¡Si comprendieras lo que sufro ahora!...
¡Aire! ¡aire! ¡infeliz! ¡que me sofoco!...
Se me revienta el corazón ... ¡Señora!
¡Piedad!... ¡Piedad de un miserable loco!

Antonio Plaza Llamas

miércoles, 14 de marzo de 2012

te pienso

Te pienso…
Te quiero…
Te sueño…
Te ignoro…

Tu imagen permanente en mi cabeza,
Pero mi indiferencia innata.
Tu cara, tus gestos, tu sonrisa,
Todo me provoca quererte.

Mi locura, mi poca consistencia,
Mis temores, mis frustraciones,
Mi poco esfuerzo a vivir.
Todo me hace desear que no me quieras.

No temo a que me dejes.
No temo a que me mientas.
No temo a tus acciones.
Temo lastimarte.

Te pienso…
Te quiero…
Te sueño…
Te ignoro…
Te necesito… 

viernes, 13 de enero de 2012

Exceso

Ya recuerdo, si era un viernes cuando despues de ver una pelicula me di cuenta de mi gran
error... Si, ahora vuelve todo a mi mente, como olvidar las sensaciones, los pensamientos,
las inquietudes.
Fue ahi, sentado mientras veía los creditos de una pelicula pasar y sorvia un poco del cafe
que me prepare justo en el climax de la pelicula "Debio ser una gran pelicula". La verdad
es que no recuerdo nada de ese dia, anterior a la taza de cafe. Recuerdo que al terminar los
creditos me quede pasmado, inmovil.
-¿Que te ocurre?- Preguntó extrañada mi exesposa.
La escuche pero mi concentración estaba en otra parte, y no fui capaz de contestarle.
Fue entonces cuando un impulso me hizo levantarme para tomar las llaves del auto y salir
sin decir una sola palbra, ni siquiera una seña para tratar de explicar mi conducta.
Su rostro jamás lo olvidaré. Paso de un rostro extrañado, a estar colerico y gritar,
si que grita fuerte esa mujer, al final solo era un rencor frio y silencioso ante mi
indeferencia.
Yo no podía hacer algo para impedirlo, en ese momento era solo impulsos mecanicos, era un
pensamiento en marcha.

Subi al carro y maneje, segui manejando cerca de treinta minutos hasta que por fin llegue
a mi destino. ya estaba en la calle de sulivan. Sin tituvear me acerque a la primera
puta que encontre y le ordene subir al auto.
-O eres un tipo muy decidido, o muy urgido.- Dijo la puta al entrar.
-¿Dónde está el hotel más cercano?- Pregunté ignorando su comentario y arrancando el
carro inmediatamente.
Segui sus indicaciones, y en pocos minutos estabamos entrando a un motel barato que estaba
a unas cuantas calles. "Motel Paris" decia el letrero, no pude imaginar algo que se
asemejara menos a aquella hermosa ciudad. Un terreno mediano con solo cinco habitaciones,
y un gran patio frente a ellas. Aunque era de noche pude observar que el patio estaba muy
sucio, lleno de polvo y basura tirada. Habría apostado a que  había condones usados tirados
por ahi. Era un buen lugar.
Entramos en la habitación. Un cuarto pequeño con una cama matrimonial en el centro y un
baño sin puerta solo una cortina, fue curioso darme cuenta de que el unico espoje ahi
era el que cubria todo el techo, y aunque estaba algo sucio reflejaba perfectamente toda
la habitación.
-Bueno, y ¿Que quieres?- Pregunto la puta distrayendome de mi inspección.
Gire para mirarla. No, mejor dicho, para analizarla. Era una mujer madura, algo gorda.
Usaba una peluca rubia y un pequeño vestido rojo que parecia que en cualquier momento
estallaría, pero eso no me importaba lo unico que quería era un orificio humedo.
-Quiero venirme en tu boca, para despues follarte por el culo...¡a si! y quiero que grites
fuerte cuando te la meta- Respondí.
-Esta bien, seran trecientos pesos y tienes que pagar por adelantado-
-Desnudate- Ordene. Al momento que le daba el dinero.

Estuvimos follando por cuarenta minutos.
-Si que te urgía un buen culo.- Me dijo mientras luchaba por entrar en el vestido a la vez
que enderezaba su peluca.
-¿Sabes donde puedo conseguir un poco de hierba?- Pregunte.
Supuse que no era la primera vez que le preguntaban, ya que me respondió de forma muy
natural.
-Si quieres yo te puedo conceguir unos churros baratos.-
-¿Y en cuanto me saldrán unos tres?-
-Con cien pesos que me des yo te los traigo, con servicio a la habitación incluido.-
-Toma.- Le dije, al tiempo que estiraba el billete.
Cuando ella volvio yo seguia tirado en la cama desnudo.
-Por un momento pense que no volverias.- Dije.
-Pense en no volver, pero me caiste bien así que volvi, tomo aqui estan.- Dijo estirando la
mano con una bolsa negra.
-Y que, ¿no me vas a invitar?- Pregunto.
-¿Me vas a invitar otra mamada?-
-Orale ya estas.-
Así que fumamos y cogimos todo lo que restaba de la noche. Al despertar seguia echada ahi a
mi lado. la mire un instante y se desperto.
-Saldre a comprar comida y alcohol, quiero que lo repitamos hoy en la noche. Así que no te
atrevas a irte.- Le ordene.
Me miro atonita y sin pronunciar palabra alguna asintio con la cabeza.
Esa noche fue el exceso absoluto y aunque distaba de ser una fantasia fue el mejor fin de
semana que he tenido jamás, no importa la gonorrea, ni los tres dias de diarrea
intensa que tuve después. Solo se que desperte a la plenitud.

Esta es mi venganza contra la sociedad. ¡Como se atreve esta a clasificar los placeres!
No me interesa su opinion. ¡¿Quien les dijo que solo algunos sentimientos son los placeres
aceptados?! ¡¿Dónde dejan la lujuria, el orgullo, y esa sensación que solo la rebeldia
sabe provocar?! Su amor, su responsabilidad, su compasión ya no me provocan nada, ¡su
sabor me ha fastidiado! ¡¿Quien se creen para decirme como vivir?!

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Respirar: Aire entrar en los pulmones para salir.
Dormir: Cerrar los ojos y perder la conciencia.
Despertar: Abrir los ojos.
Comer: Ingerir objetos extraños por la boca para llenarlos de baba y tragarlos.
Orinar-Defecar: Desecharlos.
Tocar: Impulsos electricos de la piel al cerebro.
Sensaciones: Reacciones que produce nuestro cerebro ayudado de las hormonas.
Sentimientos: Reacciones ante objetos cotidianos.
Ocupación: Autoengaño.
Familia: Grupo de autoengaño.
Amigos: Distracción.
Relación: Instinto, ilusión de trascendencia y valía personal (super autoengaño)
Cielo: Medio para negar lo efimero de la existencia.
Infierno: Manipulación.
Dios: Autocompasión.
Pensar: Tortuoso.
Vivir: Todo lo anterior.

¿En verdad crees que esto vale la pena?